Camila Albarenga gestó “Echate un vistazo”, una iniciativa online de venta de ropa femenina y masculina sin límite de talles, basada en su propia experiencia y para que nadie atraviese ese momento penoso y frustrante frente a un espejo o perchero.
Camila Albarenga llevaba 10 años trabajando en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) con una buena remuneración. Sin embargo, una mañana resolvió acercarse hasta la oficina de personal y presentar su indeclinable renuncia.
“La decisión fue instantánea, de un segundo para el otro. Estaba cargando encuestas en la computadora, hasta que le dije a una compañera: ‘Me voy’. Ella preguntó ‘¿Adónde te vas?’ ‘A renunciar’, respondí levantándome del escritorio. Sin más prolegómenos, fui y renuncié”, afirma Camila reconociendo que ese día “no lo había consultado ni con la almohada”.
Tamaña decisión tenía un claro objetivo: crear un emprendimiento de venta de ropa femenina en talles especiales, inspirada en su propia experiencia. “Es que siempre fui gordita y me costó conseguir ropa. Entonces, lo que no quería es que la gente pasase por la misma situación que yo pasé. A cada local que ingresaba, no había talles para mí y yo salía frustrada. Porque las vendedoras, apenas me veían, me decían: ¡‘para vos no hay’! Hoy, me sigo preguntando: ¿Cómo sabe una vendedora si voy a comprar ropa para mí o para otra persona?”, se pregunta promoviendo un trato digno en los comercios de indumentaria.Dicho día, al llegar a su casa (antes del horario habitual, por cierto), no tardó en develarlo en el seno familiar, cuyos integrantes no podían salir del asombro, aunque aceptaron la determinación, sin ningún cuestionamiento.
De inmediato, Camila se puso a pensar en la denominación del emprendimiento. “Entre nombre y nombre, que iba apareciendo, mi madre sugirió: ‘ponele Echate un vistazo’. El nombre me flechó y quedó”, rememora la emprendedora.
“Desde ese momento, me puse a trabajar y, en una semana, la página empezó a tener mucho éxito. Sobre todo, después de hacer un video, contando mi historia. Rápidamente se hizo muy viral”, asegura orgullosa.
A cuatro años del lanzamiento, cuenta que “empecé vendiendo todo tipo de prendas. Hasta que dije: ‘lo mío son talles especiales’. A las dos semanas, por el incremento de las ventas, le propuse a Lautaro, mi hermano menor, venir a trabajar conmigo. Él era supervisor de una red de estacionamientos y, simultáneamente, trabajaba en Arcor. Renunció a ambos trabajos.
“En mí emprendimiento me involucro con cada clienta que me lo permite, asesorándola, aconsejándola al momento de la elección de la prenda. Eso es lo que me da la mayor satisfacción, porque al final del día puedo decir ‘tarea cumplida’, logré mi objetivo, que es atención personalizada y diálogo. Por esa razón la gente vuelve periódicamente a interesarse por las prendas que encuentran en mi página”, dice ante las atentas miradas de sus padres y de su hermano, satisfechos con el camino recorrido.
Desde el emprendimiento, su titular propone que la gente debe vestirse con lo que le gusta y le haga sentirse bien, sin importar la mirada del otro. “La gente está muy acostumbrada a usar ropa negra para disimular. No hay que disimular nada. Tenés que vestirte con ropa que te guste y te haga sentir bien. Mis clientas que venían siempre por el negro, hoy las ves vestidas de animal print, de colores. Me lo dicen, me mandan fotos. Eso, me llena de orgullo y está buenísimo. En definitiva, todas somos hermosas y tenemos derecho a vestirnos con la ropa que nos guste sin importar el talle”, concluye Albarenga.

