Israel acusó a Irán de haber utilizado bombas de racimo en varios ataques desde el inicio del actual conflicto entre ambos países, una denuncia especialmente grave debido al alto riesgo que estas armas representan para la población civil.
La denuncia fue realizada por el portavoz del ejército israelí, el teniente coronel Nadav Shoshani, quien aseguró que las fuerzas iraníes recurrieron a este tipo de munición “en múltiples ocasiones”.
Según el oficial, el uso de estas armas contra zonas pobladas puede constituir un crimen de guerra. Sin embargo, Shoshani no precisó ni la fecha ni los lugares exactos en los que habrían sido empleadas.
La acusación se produce en medio de fuertes restricciones informativas dentro de Israel, donde los sitios impactados por misiles suelen permanecer cerrados al público hasta que se retiran los restos y artefactos sin explotar.
Imágenes captadas recientemente por agencias internacionales mostraron proyectiles en llamas fragmentándose en el cielo nocturno sobre el centro de Israel. Tanto el ejército israelí como expertos militares señalaron que el video coincide con el comportamiento típico de municiones de racimo.
Este tipo de armamento está diseñado para dispersar decenas o incluso cientos de pequeñas bombas sobre una amplia superficie. A diferencia de una ojiva convencional, que concentra su potencia en un solo punto, las submuniciones se esparcen en el aire y multiplican el área de impacto. Algunas explotan al tocar el suelo, mientras que otras pueden quedar sin detonar, convirtiéndose en un peligro latente durante días o incluso años.

