La querida mascota del cuartel de bomberos se volvió un personaje del pueblo rionegrino. Su problema de salud obliga a sus cuidadores a pedirle a los vecinos que no le den de comer.
En General Fernández Oro, Río Negro, todos conocen a Marolio, el perro adoptado por los bomberos voluntarios del cuartel local. Cariñoso, simpático y amante de las caminatas, el animal se volvió una figura emblemática del barrio, donde suele hacer dos paseos diarios en los que visita carnicerías, panaderías y rotiserías en busca de comida.
Ese costado pícaro le valió el cariño de vecinos y comerciantes, que a menudo lo agasajan con un trozo de carne o alguna golosina. Sin embargo, la buena vida le pasó factura: Marolio sufre de obesidad y problemas de salud, por lo que sus cuidadores pidieron a la comunidad colaboración para que el perro cumpla con su dieta.

“¡No le des de comer a Marolio! Sabemos que muchos lo quieren, pero necesitamos cuidarlo. Él tiene su comida y agua diaria en el cuartel”, publicaron los bomberos en su cuenta oficial de Facebook.
Un vecino más en el cuartel
Marolio vive como uno más dentro del destacamento: tiene su cama con frazada, disfruta del aire acondicionado en verano y celebra cada mañana la llegada de los bomberos. “Es un perro viejito, nos recibe con alegría, pero ya le cuesta caminar. Lo estamos cuidando y poniendo a dieta porque queremos tenerlo con nosotros por mucho tiempo más”, contó Diego Colantuono, jefe del cuartel, en diálogo con LM Neuquén.
El animal llegó en 2024 casi por casualidad. Una noche apareció en la puerta del cuartel y decidió quedarse. Desde entonces, los bomberos lo adoptaron y lo convirtieron en parte del equipo. “Es muy compañero y carismático. En las capacitaciones o actos se mete en el medio de las fotos y posa como si supiera que es el protagonista”, relató Colantuono entre risas.
El “alarma” del cuartel

Más allá de su simpatía, Marolio también se volvió un perro especial por su intuición. Los bomberos aseguran que anticipa cada salida de emergencia: “Antes de que suene la sirena, él se sienta en la puerta y empieza a llorar. Es como si sintiera lo que va a pasar. Nos emociona cada vez que lo vemos”, confesó el jefe del cuartel.
Una nueva forma de acompañarlo
Los cuidadores de Marolio agradecen el cariño de los vecinos, pero insisten en que la mejor manera de ayudar al perro no es con comida, sino con compañía. “Si querés colaborar o hacerlo feliz, vení al cuartel a sacarlo a pasear. Le encanta salir a caminar y jugar”, señalaron en el comunicado.
Hoy, Marolio es más que la mascota del cuartel: es un símbolo de amor, fidelidad y compañía para los bomberos y para toda la comunidad de Fernández Oro, que lo adoptó como un verdadero personaje del pueblo.