Hay preocupación a nivel nacional por las advertencias de presuntos tiroteos escolares.
En el marco de una suba exponencial de amenazas de tiroteos o ataques en escuelas a nivel nacional, el abogado y psicólogo Nicolás Papalia sostuvo que, en la actualidad, “la violencia es celebrada como un mecanismo de construcción política”.
En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, el máster en Derecho y especialista en géneros y violencias consideró que la forma de vincularse de los jóvenes, así como la de la sociedad, puede estar sujeta a discursos ejemplificadores. Además, en las últimas décadas estas conexiones cambiaron a partir de las nuevas tecnologías, aunque destacó la singularidad de cada caso.
Cientos de denuncias fueron radicadas en la última semana por amenazas de tiroteos en instituciones educativas; decenas de adolescentes fueron imputados, detenidos o vinculados por intimidaciones y, el pasado 16 de abril, hubo reunión entre todos los ministros en el Consejo Federal de Educación.
NA – ¿Es algo que se empezó a visibilizar ahora o que empezó a pasar ahora?
NP – Se empezó a visibilizar a raíz de estos últimos hechos de extrema gravedad, de crueldad y brutalidad total, pero se gesta desde hace muchos años. No es una cuestión de las últimas semanas, no nace con un hecho. En los últimos años se acrecentó ese problema por la hostilidad que circula a nivel social. Que la violencia sea una herramienta que los jóvenes consideran posible para resolver sus conflictos, no es reciente. Los índices y estadísticas de la agresión entre pares y del bullying crecieron de manera sostenida.
Tras los últimos acontecimientos, uno de los ejes del debate giró en torno a si los discursos de odio atribuidos al Poder Ejecutivo, o a altos rangos, podrían funcionar como un factor ejemplificador en el aumento de esta problemática, al marcar un clima que impacta en los modos de vinculación social.
El licenciado consideró que se trata de un punto válido, se mostró “completamente de acuerdo” y añadió: “Hay un concepto de la psicóloga argentina Silvia Bleichmar que refiere a las legalidades, donde la ley en términos positivos -no la jurídica, sino la impronta de cada uno en la norma ética- implica la incorporación individual, permite razonar lo que está bien o mal y define la forma de vincularse con el otro”.
“Actualmente, hay un corrimiento de esa legalidad que condice con aceptar que uno se puede vincular con el otro a través de la hostilidad o de denigrar. Que esto sea posible también es debido a que en los sectores de poder, desde las más altas esferas del Estado, la violencia no es solo una herramienta cotidiana, sino que incluso hasta es celebrada como mecanismo de construcción política, de legitimidad”, añadió.
En tanto, remarcó: “Que tengamos hoy un presidente que dice barbaridades sobre los opositores y periodistas, es un tipo de violencia discursiva que se va a traducir en lo cotidiano y habilita este ejercicio. Los jóvenes, que también viven en esta sociedad, en consecuencia, reproducen lo que cultivamos los adultos”.
Además, uno de los factores determinantes es el de los llamados “nativos digitales”: “Se vincula con el impacto de las redes sociales en la construcción de la propia subjetividad de las nuevas generaciones porque crecieron con las pantallas y es su forma de interacción sobre esta lógica. El problema es lo que pasa en la interacción real porque tienen menos herramientas para lo cotidiano, entonces aparece la agresividad como un modo posible de relacionarse”.
NA – ¿Qué diferenciación o salvedad se puede hacer entre casos particulares?
NP – En cada hecho hay una multiplicidad de causas vinculadas a características personales del involucrado y su historia familiar, así como inciden cuestiones sociales, por ejemplo, el crecimiento en las tasas de ansiedad y depresión.
NA – ¿Hasta dónde influye la modalidad de True Crime Community y por qué tiene tanto impacto?
NP – Radica en la necesidad de construir comunidad, una búsqueda de sentirse parte o integrado en algún ámbito, una cuestión central en la adolescencia cuando se rompe con las identificaciones que vienen de lo familiar y las figuras de cuidado.
NA – ¿En qué instancia de lo virtual llega el peligro y se convierte en su realidad?
NP – No podemos pensar las subjetividades de estos chicos si no son atravesados por el mundo de lo virtual. Los adultos podemos hacer esta diferenciación, pero los que crecieron desde el 2010 para acá, no. Su propia subjetividad está atravesada por las pantallas y la lógica de las redes. El límite entre lo real y virtual es difuso. Hay un corrimiento entre lo que se puede hacer o no en términos violentos.
NA – ¿Cómo se llega a interpelar a los menores que pueden estar en peligro de cometer un atentado, no sólo contra sus compañeros, sino contra su vida?
NP – No podemos negar la relevancia y la importancia de la palabra, hay que escuchar a los chicos, que tengan un espacio de contención en la figura de un adulto, ya sea en la familia, en el colegio o alguien que lo pueda alojar. Claramente eso no alcanza porque muchas veces se patea la pelota y se responsabiliza a los colegios, pero los colegios no tienen herramientas, es necesario un trabajo continuo, no es solo dar una charla, hay que poner a los padres en alerta y sostener un trabajo cotidiano.
NA – ¿Y cómo se hace?
NP – Hay que profundizar el trabajo diario y dotar a las escuelas de personal capacitado e interdisciplinario con una mirada integral. Sin embargo, no vamos a pretender que la escuela resuelva un problema mucho más amplio porque es una problemática social, pero claramente la educación tiene que ser una prioridad. Hay docentes que cobran dos pesos, que no los capacitan y que tienen que correr de una escuela a otra para poder llegar a fin de mes. No hay recursos para trabajar este conflicto.
Ante esta búsqueda de alarmas, dentro y fuera del ámbito escolar, el psicólogo realizó un interesante paralelismo: “En el mundo real nos preocupa que los chicos no lleguen después de cierto horario, no tomen algunas cosas o que no hablen con un desconocido, pero en el mundo virtual ni nos metemos o ponemos el control parental y creemos que con eso es suficiente. No tenemos dimensión del material al que pueden acceder”.
“Con la prohibición no se soluciona todo, pero claramente hay que regularlo. Un chico no puede tener acceso ilimitado a Instagram o YouTube, a los 11 o 12 años porque el contenido que circula ahí es terrible”, sostuvo Papalía.
NA – ¿Qué políticas públicas se podría generar para ayudar en esos conflictos?__IP__
NP – Tiene que existir una regulación sobre el acceso a las redes sociales, también debemos educar a los chicos para que puedan tener una mirada crítica respecto al uso de la tecnología que debe ser parte del plan educativo. No es solo una cuestión de contención social, sino pensar desde el punto de vista curricular, porqué hay que trabajar con los chicos para que puedan tener una mirada crítica en torno a la inserción de la información. Otra pata fundamental, es garantizar herramientas para el acceso a espacios de cuidado de salud mental.
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